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Saber preguntar, una clave en el uso de IA

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La clave para su aprovechamiento es el pensamiento crítico y el uso unívoco del lenguaje

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eguimos trastabillando con la inteligencia artificial en las aulas. En diferentes foros con colegas profesores he visto que todo el mundo comparte la zozobra por el desinterés, la vorágine de información y la epidemia de plagios. Algunos, con razón, demandan respuestas inmediatas frente a una situación que se les comienza a salir de las manos.

Frente a este panorama, una compañera propuso un cambio de enfoque interesante: que en tiempos en los que tenemos todas las respuestas, habrá que aprender a hacer las preguntas correctas.

No es de extrañar que la carrera tecnológica de la IA haya creado nuevas profesiones. Tenemos la ingeniería de peticiones (prompt engineering), una disciplina que literalmente se dedica a diseñar preguntas. O instrucciones, más bien. Quien haya tenido frente a sí a ChatGPT o cualquiera de sus asistentes hermanos sabrá del valor de expresarse correctamente para obtener el resultado deseado. De ahí que, ante la emergencia de estas habilidades, hay lugares en los que incluso se oferta como licenciatura (cuando bien podría ser un seminario, por mucho).

Cuando abordo esta nueva área del conocimiento en mis clases de periodismo, suelo recordar cuando John Lennon estaba escribiendo el tema Tomorrow Never Knows en 1967. El entonces Beatle buscaba un sonido vanguardista y acorde al amanecer de la psicodelia. La instrucción que le dio al productor George Martin fue: “Quiero que mi voz suene como el Dalai Lama cantando en la cima de una montaña”.

Ni Martin ni Lennon conocían al monje ni tampoco habían ido al Tíbet, pero algo sabían sobre canto e ingeniería de sonido. Todos conocemos el resultado, pero llegar a él debió ser un quebradero de cabezas, especialmente teniendo en cuenta que se usaron técnicas de grabación sin precedentes. De cualquier forma, John reconoció tiempo después que no se respetó su idea original.

Los seres humanos tenemos mucho que aprender sobre nuestros propios lenguajes. La forma en que interpretamos la realidad y la expresamos a través de diferentes códigos no siempre es la más acertada, bien carece de precisión o incluso de coherencia. Por eso nos llevamos tantos chascos cuando interactuamos con la IA y le pedimos que escriba, dibuje, busque o diseñe: a menudo no tenemos claro lo que queremos; y cuando sí, no tenemos los recursos lingüísticos para expresarlo.

De ahí que el desarrollo del pensamiento crítico sea más importante que nunca. A las generaciones jóvenes no solo les espera un mundo en el que las tecnologías avanzadas formarán parte de la cotidianidad en espacios laborales y personales, también deberán lidiar con las consecuencias de tomar decisiones apresuradas, sin análisis racional ni fundamentos éticos. Así lo vemos en las gestiones de los gobiernos, las políticas empresariales y, poco a poco, en nuestras relaciones interpersonales.

Seguimos analizando si la IA pudrió algunas manzanas del árbol del conocimiento, o bien, si debemos volver a lo básico y envolverlo en un empaque más atractivo. ¿Por qué deberían los chicos y chicas aprender gramática, cálculo diferencial o geografía si todo lo resuelve el genio de la lámpara? De entrada, porque para que el deseo se cumpla hay que aprender a preguntar.

Publicado originalmente en e-consulta.
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Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

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