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Profunda herida: académicas analizan impactos de la blanquitud y el colonialismo en México

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El racismo que trastoca la vida de las y los mexicanos sigue latente y presente desde mediados del siglo XIX, y puede observarse en las políticas públicas.
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Una herida de la que se tiene registro en México es la del racismo. Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS, 2022), el 13.1% de las y los mexicanos de 18 años o más ha padecido de actos discriminatorios por su color de piel a lo largo de su vida. De esta cifra, el 16.1% fueron hombres y el 10.7% mujeres.

Expresiones como naco o indio se han usado peyorativamente a lo largo la historia del país. Sin embargo, las raíces de estos actos y diferenciaciones son mucho más profundas de lo que se dimensiona en la actualidad. Así lo afirmaron la Dra. María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera y la Mtra. Andrea de la Hidalga Ríos en el conversatorio Identidad nacional: blanquitud y racismo, llevado a cabo en la IBERO Puebla.

La Dra. Sánchez Díaz de Rivera, académica del Departamento de Humanidades de la Universidad Jesuita, descubrió esta herida profunda a través del racismo cordial, “que no por ser cordial es menos racista”, dijo. Detalló que son todas aquellas expresiones que destacan una buena cualidad en las personas o las cosas, a pesar de su tono de piel: “Es de piel morenita, pero cae muy bien”, por ejemplo.

“No es tan difícil cambiar de manera de pensar, es más difícil cambiar de manera de sentir”: Dra. María Eugenia Sánchez

Fue a través de esas expresiones que entendió que el racismo no es lo mismo que la discriminación; “el racismo es una deshumanización”, afirmó, “es considerar a una parte de la población casi que como no humano o de otra especie”. Desde esta perspectiva, no solo se percibe que no existe igualdad de condiciones, sino que, a partir de la modernidad ilustrada, también hubo distinciones biológicas.

Estas creencias, principalmente europeas, llegaron a México con la distinción de castas, que en la época de la Colonia dividían a la población en indígenas, quienes ya habitaban el territorio; peninsulares, quienes venían y eran del reino español; mestizos, la decendencia de españoles peninsulares e indígenas; y criollos, combinación entre españoles y mexicanos mestizos.

Había un racismo europeo que decía que los criollos, como nacían en una tierra donde hacía calor y había animales salvajes, se degeneraba la raza. El criollo fue muy estigmatizado, entonces tenía un sentimiento de inferioridad muy fuerte que arrastramos los que tenemos raíces criollas por ahí”, explicó la experta, quien afirmó que bajo esas heridas se caminó y construyó la nación actual.

 

conversatorio colonialismo

 

Lo anterior se reforzó con la eugenesia, que en México llegó a finales del siglo XIX y principios del XX para esterilizar forzadamente a las mujeres indígenas del país, bajo el argumento de mejorar la raza. Lo anterior se reforzó con los múltiples proyectos nación que se han impulsado desde el México independiente en el siglo XIX a la fecha. 

Es en estos hallazgos que el camino de la Dra. María Eugenia Sánchez y el de la Mtra. Andrea de la Hidalga se cruzan para reconocer el racismo en la actualidad, situación que la egresada de la Maestría en Comunicación y Cambio Social explora en el libro No, ¡No somos iguales!: amas de casa poblanas y sus trabajadoras del hogar.

A través del análisis del imaginario y la identidad de las mujeres de las clases sociales más altas, que son empleadoras de trabajadoras del hogar, la Mtra. De la Hidalga Ríos documentó la legitimación de las jerarquías sociales en la actualidad, que siguen perpetrando el esquema clasista y racista de convivencia.

Entre los hallazgos, se expone la poblanidad, que es el imaginario que persiste en Puebla y le da peso al color de piel, el dinero y el apellido de familias influyentes; la permanencia de la servidumbre racializada, cercana pero distante; las diferencias culturales que parecen irreconciliables, sobre todo por la distancia y prejuicios de las empleadoras; el maternalismo o apadrinamiento laboral; y el sentimiento de culpa atravesada por la religiosidad

“Esta relación estructural y cultural entre ambas representa una especie de microcosmos de la sociedad mexicana, en donde cotidianamente se interactúa y se reproducen estereotipos raciales, culturales y de clase”, explicó la académica.

Para las expertas, una de las vías más importantes para combatir este imaginario es la sanación y trabajo emocional, pues esta herida colectiva que sigue presente “nos la construyeron desde chiquitos. […] Entonces, es muy difícil transformar la manera de sentir”, explicó la Dra. Sánchez Díaz. Y concluyó: “a lo mejor necesitamos una terapia menos académica, menos libros y más experiencias emocionales que nos permiten ir superando esto”.

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Paloma Fernández Peña /RPR-CCG
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Cintya Coleote García
Fotografía
Carlos Maciel Álvarez

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