Cuando el agua nos interpela
Autoría: Valentina Campos Cabral
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Cada año, del 1 de septiembre al 4 de octubre, comunidades cristianas de distintas partes del mundo celebran el Tiempo de la Creación, una jornada ecuménica que une oración y acción por el cuidado de la casa común. En 2026, el lema “Agua Viva”, inspirado en Ezequiel 47, recupera la imagen de un río que sana las aguas y permite que la vida vuelva a florecer. No es una metáfora distante para Puebla: hablar de agua viva significa mirar de frente uno de nuestros desafíos socioambientales más profundos.
Durante esta jornada, la Red de Ecología Integral de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús (REI) impulsó espacios de reflexión, diálogo y contemplación. Desde el Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente Xabier Gorostiaga, SJ (IIMA) de la IBERO Puebla, que actualmente coordina esta Red, participamos convencidos de que la crisis ambiental no es únicamente un problema técnico. Es también una crisis de nuestras relaciones con la naturaleza, con las personas y con los territorios.
La realidad poblana muestra esta interdependencia. El río Atoyac es uno de sus símbolos más dolorosos. En 2025, la Comisión Nacional del Agua informó que trabajaba sobre 976 descargas de aguas negras directas al río y sus afluentes. En septiembre de 2026, la Profepa clausuró cuatro puntos de descarga de aguas residuales en municipios poblanos por incumplimientos en autorización y tratamiento. Paralelamente, avanzan obras de saneamiento, colectores, plantas de tratamiento y restauración de riberas. Recuperar el Atoyac exige continuidad, vigilancia, corresponsabilidad y participación social.
Pero la ecología integral nos pide ir más lejos. Un río contaminado no es solamente agua con parámetros fuera de norma. Es un territorio deteriorado; son comunidades expuestas a riesgos; son ecosistemas que pierden capacidad para sostener la vida; son actividades económicas que pueden trasladar sus costos ambientales a otros. Es también una pregunta por la justicia: ¿quién recibe los beneficios del desarrollo y quién carga con sus impactos?
Por eso, cuidar el agua no puede reducirse a modificar hábitos individuales, aunque estos sean necesarios. Requiere preguntarnos cómo producimos y consumimos, cómo ordenamos las ciudades, cómo tratamos residuos y aguas, qué actividades permitimos en los territorios y cómo participan las comunidades en las decisiones sobre sus bienes comunes. La ecología integral vincula el cuidado ambiental con la dignidad humana, la justicia social y el bien común.
En Puebla, esta mirada resulta indispensable. Somos un estado de enorme riqueza biocultural, con pueblos indígenas y comunidades campesinas que conservan conocimientos, semillas, bosques y formas comunitarias de gestión del agua. Al mismo tiempo, vivimos presiones asociadas con la urbanización, la expansión industrial, los cambios de uso de suelo y la disputa por bienes naturales. Sus impactos, además, no se distribuyen de manera igualitaria.
El Tiempo de la Creación invita a mirar estas realidades de otra manera. Desde la espiritualidad ignaciana, contemplar no significa apartarse del mundo: significa detenernos, mirar profundamente, dejarnos afectar por lo que ocurre y discernir qué respuesta estamos llamados a ofrecer. La contemplación de la naturaleza pierde sentido si no somos capaces de escuchar también el clamor de los territorios dañados y de quienes los habitan.
“Agua Viva” es, por ello, una invitación y una responsabilidad. El agua conecta montañas, bosques, ciudades, campos y comunidades; atraviesa fronteras administrativas y nos recuerda nuestra interdependencia. Sanar nuestra relación con ella supone revisar también nuestras relaciones sociales y nuestra forma de entender el desarrollo.
El reto es dejar de ser espectadores de la crisis socioambiental y reconocernos como parte de sus soluciones. Puebla necesita ríos vivos, comunidades escuchadas, instituciones responsables, empresas comprometidas, universidades que pongan el conocimiento al servicio de los territorios y una ciudadanía que defienda el derecho a un ambiente sano.
Ese es uno de los mensajes del Tiempo de la Creación: cuidar la casa común no es una tarea adicional a nuestra vida cotidiana, es aprender a habitarla de otra manera. En Puebla, donde el agua nos muestra simultáneamente las heridas y las posibilidades del territorio, esa transformación no puede esperar.