Imagen
Graffiti en una pared
Fecha

Alternancia, derechización y erosión democrática

Subtítulo
El Latinobarómetro reveló que las democracias han sufrido una deslegitimación importante en los últimos años.

Comparte:

El Latinobarómetro aporta nuevos elementos para el análisis de nuestras democracias.

Hace unas semanas, el Latinobarómetro publicó la edición 2026 de su estudio de opinión pública sobre la percepción de las democracias en América Latina.  

La edición de este año es particularmente pertinente en un escenario de brusco viraje hacia la derecha, y en donde las agendas de ciertos liderazgos políticos suponen el debilitamiento democrático.  

Las cifras arrojadas por el Latinobarómetro indican que, en la última década, las democracias han sufrido una deslegitimación importante.

De acuerdo con el estudio, 2010 fue el año con máximo apoyo a la democracia, con un 63 por ciento de personas que declaraban preferir la democracia a cualquier otra forma de gobierno.

Desde entonces, las cifras han ido a la baja, llegando a un mínimo histórico de 48 por ciento en 2023. Este año, las democracias sostienen un 52 por ciento de apoyo.

¿Estamos entonces ante una crisis de nuestras democracias? Los autores del Latinobarómetro son cautelosos al respecto. Atinan en aclarar que las democracias en América Latina no son democracias establecidas y consolidadas, sino proyectos de democracia en curso, cuyas instituciones enfrentan una severa crisis de legitimidad.  

Para visibilizar lo anterior, sirva recuperar que el 73 por ciento de los respondientes consideraron que el Estado hace poco o nada por sus ciudadanos, el 76 por ciento no se siente representado por su Congreso, y apenas el 16 por ciento confía en sus partidos políticos.

Asimismo, la confianza en la institución electoral es de apenas 34 por ciento. Es decir, las instituciones indispensables para el ejercicio democrático del poder enfrentan una grave crisis de legitimidad, por lo que las condiciones están dadas para la legitimación de proyectos políticos que prometen un quiebre con la institucionalidad pública vigente.

Por consecuencia, hemos de notar que el triunfo de las ultraderechas en Latinoamérica no sólo ha significado una derrota de las izquierdas, sino también una derrota de la derecha tradicional.

Sin afán de agotar los motivos de la alternancia en nuestra región, es factible señalar que el electorado ha visto en los liderazgos radicales una alternativa a un modelo institucional que fracasó en el cumplimiento de ciertas promesas y expectativas de la democracia liberal.

Así, los recientes triunfos de las ultraderechas son indicador de una crisis no solo de las izquierdas, sino también de las instituciones estatales y democráticas tradicionales.  

Por lo anterior, y ante la radicalización de las derechas en América Latina, es importante evitar la tentación de catalogar a las izquierdas como opciones naturalmente democráticas. Ni izquierdas ni derechas son homogéneas en su relación con los principios democráticos.

Es indudable que la mayoría de los liderazgos de derecha en América Latina representan graves riesgos de retroceso, pero tampoco olvidemos los signos de erosión democrática vistos en gobiernos proclamados de izquierda como el nuestro.

La discusión por la crisis de las democracias, por ende, va más allá de las afiliaciones ideológicas, aunque no por ello debe ignorarlas.  

Hoy los proyectos ideológicos importan menos en términos de legitimación democrática. Acorde a los ritmos actuales de inmediatez y a la carencia de horizontes de futuro, la eficacia política se ha convertido en prioridad para la ciudadanía, aún si ello implica prescindir de principios democráticos.

El 52 por ciento de los latinoamericanos afirma preferir un gobierno no democrático siempre y cuando resuelva los problemas, y el 63 por ciento no ve con malos ojos la mano dura del gobierno.  

Destaca, sin embargo, que el apoyo a la democracia subió en varios de los países con reciente alternancia política.

Incluso con el triunfo de liderazgos antidemocráticos, la ciudadanía valora la posibilidad de elegir a sus representantes y se observa en la alternancia una base para la legitimación democrática.

Asimismo, pese a la baja confianza en las instituciones políticas, el 74 por ciento de los ciudadanos afirma que no puede haber democracia sin elecciones.

No desdeño que estemos viviendo momentos críticos para nuestras democracias. Por el contrario, el retorno de personalismos políticos y de rasgos autoritarios en los gobiernos son un indicador indiscutible de erosión democrática en nuestras sociedades.

Merece la pena, sin embargo, no dar por sentado el debate y profundizar en los alcances de la crisis como una de legitimidad de nuestras instituciones democráticas, o como una de credibilidad de la democracia en calidad de proyecto y horizonte político. 

Publicado originalmente en MTP Noticias.
Más información
Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

Solicita Información

Sexo
Motivo

CAPTCHA This question is for testing whether or not you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.