¿Suicidio o feminicidio? El silencio que oculta la violencia
Autoría: Ana Laura Gamboa Muñoz
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En México, cada hora una persona muere por suicidio. Más allá de la necesidad de analizar este fenómeno desde un enfoque psicosocial y no meramente individual (a propósito del pasado Día Mundial para la Prevención del Suicidio). El objetivo de este texto es poner el foco en una realidad casi nunca nombrada, la estrecha relación que existe entre un presunto suicidio y un feminicidio.
La simulación como estrategia de impunidad
El feminicidio, motivado por el machismo y la misoginia, representa la máxima expresión de violencia contra las mujeres y es cometido mayoritariamente por sus parejas sentimentales. La simulación de un suicidio no solo es una herramienta del agresor para eludir su responsabilidad, sino también un ejercicio de poder que se manifiesta en la planificación del delito, el traslado de la víctima, la alteración de la escena para culparla y la falsa conmoción del criminal ante familiares y autoridades. Una simulación que se ampara en la impunidad en la que operan los casos de violencia de género.
Desafortunadamente, no existen estadísticas oficiales sobre cuántos presuntos suicidios en México fueron en realidad feminicidios. Sin embargo, gracias a la lucha de las familias afectadas, hoy existen precedentes judiciales históricos que orientan la manera en que deben investigarse estos casos: el de Mariana Lima Buendía, resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), y el de Lesvy Berlín Rivera Osorio, entre otros que han aportado elementos clave para el acceso a la justicia.
Lo que establecen los tribunales
A partir del caso de Mariana Lima, la SCJN estableció que toda muerte violenta de mujeres debe investigarse con perspectiva de género y bajo la hipótesis de feminicidio, aun cuando en un inicio se presente como un suicidio. En este caso, resultó indispensable analizar la relación de poder que ejercía el agresor, quien, además de ser la pareja sentimental de Mariana, era policía ministerial; una condición de funcionario público de la que quiso aprovechar para eximirse de la ley y de la responsabilidad penal de haberla asesinado.
En el caso de Lesvy Berlín, encontrada sin vida dentro de las instalaciones de la UNAM, la entonces Procuraduría había establecido presuntamente que se había suicidado frente a su novio, ignorando los signos de violencia en su cuerpo. Pese a ello, la persistencia de su familia, la presión mediática y el acompañamiento de las organizaciones civiles permitieron desmentir la versión oficial y dictar sentencia al agresor, demostrando que él había sido el responsable del feminicidio.
Investigar con perspectiva de género no es prejuzgar
La investigación con perspectiva de género no significa prejuzgar ni asumir de antemano un resultado, sino garantizar un proceso científico, riguroso y libre de estereotipos, que permita conocer la verdad y garantizar el acceso a la justicia. Este enfoque, exige reconocer las desigualdades de género que existen en nuestra cultura y en las relaciones de pareja. Por lo tanto, el Estado está obligado a preservar toda la evidencia necesaria, realizar peritajes forenses especializados y reconstruir el contexto de la vida de las víctimas. Solo así sería posible determinar si existían antecedentes de violencia de género y esclarecer si un caso calificado inicialmente como “presunto suicidio” se trata en realidad de un feminicidio.
Exigir memoria, verdad y justicia para las víctimas implica romper el silencio que oculta la violencia.